Todo partió en la mañana del sábado, me costo mucho despertar (una hora), para variar. Sentia frio, y creo q tambien me sentia un poco resfriado, desayune a punta de chuchadas de mi mama q me regañaba por despertar tan tarde. Me subi al auto y trate de segir durmiendo, tapado con una manta, como las abuelas. Al llegar, nos encontramos con mi tio q le dice a mi papa q espere un poco y que suba con fuerza, es que la casa queda en la cima de un cerro y el camino es suelto, pedregoso y con una pendiente muy inclinada. El auto quedo botado a la mitad de la subida, y fue hay cuando llegaron 3 huasos que empujaron el auto de atras y le ayudaron a subir, pense -la cagaron estos huevones para tener fuerza-. Despues amarramos el auto como su fuese una carreta, y tal como los bueyes empujamos el auto hasta q subio, fue un momento emocionante, se me quito el frio y el principio de resfriado, estaba en el campo.
Acomodamos los autos, dejamos un espacio para que desfilaran las yeguas y una a una hiban llegando, como si fuesen autos de carrera, celosamente cuidadas por sus dueños. No pasaron dos horas, las yeguas se empesaron a inquietar y a pelear entre ellas, son territoriales, pense, y fue cuando un tio dijo empecemos! y asi fue, apretadas entraron todas a un corral lleno de trigo, y epesaron a correr en circulos, con los gritos de la multitud, como si fuese un partido de futbol. Asi fue como conoci a mistela, aguardiente como veterraga, fuerte pero rico, embriagador como el aguardiente, el frio de habia transformado en calor.
Envalentonado por el alcohol entre al corral a revolver la paja y a gritar no se que, todos gritaban algo q no entendia, asique yo de jugoso empece a inventar mis propios gritos